València

dijous, 19 de març del 2009

"La por". Des de les trinxeres.



Cada vegada m'interessa mes el pacifisme com a actitud vital. Diumenge passat, 15 de març, llig, al suplement de Lectura de El País , alguns extractes del llibre que s'ha editat, ara, en espanyol escrit per Gabriel Chevallier, amb el títol de El miedo. En ell, Chevalier, combatent de la Gran Guerra, plasma les seues vivències en un relat impactant considerat un al·legat antibel·licista. L'edita Acantilado.

Els extractes que recull el diari són molt interessants, però escric, ací, només unes quantes línies que em semblen mot reveladores:

" ...
Los hombres son imbéciles e ignorantes. De ahí les viene su miseria. En lugar de reflexionar, se creen lo que les cuentan, lo que les enseñan. Eligen jefes y amos sin juzgarlos, con un gusto funesto por la esclavitud. Los hombres son unos mansos corderos. Es lo que hace posible los ejércitos y la guerra. Mueren víctimas de su estúpida docilidad.

Cuando se ha visto la guerra como yo la acabo de ver, uno se pregunta: "¿Cómo se puede aceptar una cosa sí? ¿Qué tratado de fronteras, qué honor nacional puede legitirmar semejante cosa? ¿Cómo se puede maquillar de ideal lo que es simple bandidaje, y obligar a admitirlo?

...

En una semana, veinte millones de hombres civilizados, ocupados en vivir, en amar, en ganar dinero, en labrarse un futuro, han recibido la consigna de interrumpirlo todo para ir a matar otros hombres. Y esos veinte millones de individuos han aceptado esta consigna porque se los había convencido de que tal era su deber.

Veinte millones, todos de buena fe, todos de acuerdo con Dios y con su príncipe... Veinte millones de imbéciles...

Ya a los diecinueve años no pensaba que hubiera la menor grandeza en hundirle un arma en la tripa a un hombre, en alegrame de su muerte.

...

Y millones de hombres, por haber creído lo que enseñan los emperadores, los legisladores y los obispos en sus códigos, manuales y catecismos, los historiadores en sus historias, los ministros en la tribuna, los profesores en sus colegios y la gente de bienen sus salones, millones de hombres forman rebaños sin cuento que unos pastores con galones conducen al matadero, al son de la música.

En unos pocos días, la civilización es aniquilada. En unos pocos días, los jefes han fracasado. Pues su papel, el único importante, era justamente evitar eso.

Si no sabíamos adónde íbamos, ellos, al menos, hubieran tenido que saber adónde conducían a sus naciones. Un hombre tiene derecho a comportarse como un idiota en su propia manera de actuar, pero no respecto a la de los demás".

El miedo, Gabriel Chevallier. Ed. Acantilado.

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